Dar Pelota

Un profe del grupo contaba que en una oportunidad, en una de esas tantas clases, cuando le dio la pelota a un pibe al comenzar la clase, le dijo: —Gracias profe!!!! Usted es el único que me da pelota. Esas frases que aparecen y te hacen tambalear…!

 

Estamos convencidos que cuando el pibe o la piba se dan cuenta de que alguien los/as  mira a los ojos, cuando existe un genuino reconocimiento, cuando siente que no es solamente un apellido en la lista o una nota en el boletín, cuando no es un aprobó/no aprobó,  sino que es alguien con saberes, sentimientos, preocupaciones, fortalezas y debilidades como todos/as todo algo bueno puede florecer.   Cuando encuentra en el profe/a una oreja que escucha, y no solo que escucha sino que se involucra y se siente implicado en lo que se le está diciendo, como en el abracadabra, muchas cosas interesantes pueden pasar.  En definitiva, y para no dar más vueltas, con alguien “que les da pelota”.

 

El abandono siniestro a su propia suerte al que han sido sometidos los chicos hoy, que impacta mayormente en los sectores empobrecidos pero que atraviesa todas las clases sociales, es preciso denunciar con énfasis.  La disolución de la responsabilidad del mundo adulto con respecto a la infancia y a la juventud es un signo de estos tiempos al que hay que prestar atención e intentar revertir.  Ni el abandono ni la sujeción parecen ser el camino indicado. Ambas posiciones antagónicas terminan por parecer parte de lo mismo.  En ninguna de ellas aparece el respeto a la otredad.

 

Es muy claro al respecto Meireau: “Todo sucede, de hecho, como si la voluntad educativa solo se acomodara en los extremos y se balanceara constantemente entre el yo soy todo para ti y el ya no quiero ser nada para ti” (2001, p.26).

 

El autoritarismo que asfixia  o el abandono de la niñez sin duda algo a revertir.